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Sri Swami Sivananda

¿Quién es Dios?

El hombre anhela una respuesta a todas estas preguntas eternas. Ciertamente que hay un Dios. Dios existe. Él es la realidad única. Dios es tu creador, salvador y redentor. Lo impregna todo. Habita en tu propio corazón. Siempre está cerca de ti.

Se halla más próximo a ti que, incluso, tu propia yugular o tu nariz. Él te ama. Él puede hablarte. No puedes descubrir a Dios por medio del intelecto. Pero sí puedes hablarle por medio del sentimiento, la meditación. la experiencia y la realización

La lámpara de gas no habla, sin embargo, brilla e ilumina todo a su alrededor. El jazmín no puede hablar, pero desprende su fragancia en todos sentidos. El faro no golpea ningún tambor, pero envía su luz amistosa al marinero.

Lo Invisible no hace sonar ningún gong, sin embargo, Su omnipresencia la siente el sabio desapasionado y discriminativo.Tras todos los nombres y formas existe una Esencia sin nombre ni forma. Tras todos los gobernadores se halla el Gobernador Supremo. Tras todas las luces brilla la única Luz de luces. Tras todos los sonidos yace el

Silencio Supremo e insonoro. Tras todos los maestros se halla el único y Supremo Guru.
Tras todas estas cosas perecederas existe lo absoluto e imperecedero. Tras todos los movimientos se halla lo Infinito impasible. Tras el tiempo, los minutos y los días se extiende la Eternidad única, más allá del tiempo. Tras el odio, el desenfreno y las guerras yace el Amor único y oculto.

Dios es la totalidad de cuanto existe, tanto de lo animado como de lo inanimado, de lo sensible como de lo insensible. Él se halla libre de todo mal y de toda limitación. Es omnipotente, omnisciente y omnipresente. No tiene principio, ni continuación, ni fin. Habita en el interior de todos los seres. Lo controla todo desde el interior.

Dios es todo en todo. Dios es la única realidad en este universo. Las cosas existen por la luz de Dios. Dios existe siempre. Todo depende de Él. Pero Él no depende de nada. Él es la Verdad.

Dios es el fin o la meta de todo Sádhana yóguico. Él es el centro hacia el cual tienden todas las cosas. Él es el propósito o el bien más elevado del mundo.

Cuando uno padece hambre, existe alimento para aplacar ese hambre. Cuando uno siente sed, existe agua para saciar esa sed. De igual modo, puesto que existe la necesidad de sentirse siempre feliz, debe haber algo para satisfacer ese impulso. Ese algo es Dios, la manifestación de la felicidad. Dios, la Inmortalidad, la Libertad, la Perfección, la Paz, la Dicha, el Amor, son todos ellos términos sinónimos.

¿Qué es Dios?

Es difícil decirlo. Sin embargo, cuando contemplo el Ganges, sé que es Dios. Cuando veo el jazmín, sé que es Dios. Cuando contemplo el cielo azul, sé que es Dios. Cuando escucho el gorjeo de los pájaros, sé que es Dios. Cuando saboreo la miel, sé que es Dios.
Lo Supremo es indefinible, a pesar de que los eruditos den explicaciones intelectuales acerca de Ello absolutamente inciertas.

¿Existe Dios?

Dios se halla más allá de la imaginación humana; sin embargo, es una realidad viva. Brahman no es una abstracción metafísica. Es el ser más real y completo que existe. La existencia de Dios no puede probarse por medio de la experimentación científica. Lo Absoluto desconcierta incluso a la mente del más grande erudito. Se escapa incluso al más poderoso intelecto.

Es experimentado como pura consciencia allí donde cesa el intelecto, donde acaba la erudición y donde el ser mismo se pierde todo él por entero. Todo se pierde y todo se halla.

¿Necesitas pruebas de laboratorio? ¡Muy inteligente, sin duda! Deseas limitar al Dios ilimitable, que todo lo impregna, en tus tubos de ensayo, sopletes y substancias químicas. Pero Dios es la fuente de tus substancias químicas. Él es el substrato de tus átomos, electrones y moléculas. Sin Él, ningún átomo ni electrón puede moverse. Él es el gobernador interno.

Es Dios quien confiere su poder a nuestros sentidos, percepción a nuestra mente, discernimiento a nuestro intelecto y fortaleza a nuestros miembros. Es por medio de Su voluntad que vivimos y morimos. Pero el hombre imagina orgullosamente que él es el actor y el experimentador. El hombre no es nada ante el Poder regulador y todopoderoso que dirige los movimientos del universo.

La voluntad de Dios se expresa por doquier como la ley. Las leyes de gravedad, conexión, relatividad, causa y efecto, las leyes de la electricidad, de la química, de la física y todas las leyes psíquicas, son expresión de la voluntad de Dios.
Así como explicamos todo en la naturaleza por medio de la ley de causa y efecto, la naturaleza como un todo requiere, así mismo, una explicación. Debe tener su propia causa, la cual ha de ser distinta de su efecto. Esa causa debe ser alguna entidad sobrenatural, es decir, Dios.

La naturaleza no consiste en una mera colección casual de acontecimientos, ni en un mero conjunto de accidentes, sino que es un algo ordenado. Los planetas giran ordenadamente en sus órbitas; las semillas crecen regularmente convirtiéndose en árboles; las estaciones se suceden unas a otras en un orden.

Sin embargo la naturaleza es insensible, o Yada. No puede auto-ordenarse. Requiere, pues, la existencia de un ser inteligente, Dios, quien es responsable de ella. Incluso Einstein, el famoso científico, estaba profundamente convencido de que el universo fue creado por una Inteligencia Suprema.

Aunque no puedes ver las estrellas durante el día, a pesar de ello, existen. Aunque no puedas ver al sol en un día nublado, a pesar de ello, existe. De igual modo, aunque no puedas ver a Dios con estos ojos físicos, a pesar de ello, existe. Si desarrollas la vista divina, o el ojo de la intuición, por medio de la práctica de la meditación, podrás entonces contemplarle.

¿Dónde está Dios?

No hay ningún lugar en el que no esté. Así como un solo hilo penetra todas las flores que componen una guirnalda, un único Ser impregna, así mismo, todos los seres vivos. Está oculto en todos los seres y en todas las formas, como el aceite en la semilla, la mantequilla en la leche, la mente en el cerebro, el Prana o la energía, en el cuerpo, el feto en la placenta, el sol tras las nubes, el fuego en la madera, el vapor en la atmósfera, la sal en el agua, la fragancia en las flores, el sonido en el disco, el oro en el cuarzo, los microbios en la sangre, etc.

Dios mora en todos los seres como la vida y la consciencia. Dios es el rugido del león, el canto del pájaro y el llanto del recién nacido. Siente Su presencia en todas partes.Contempla a Dios en las alas de la mariposa, en las letras Alfa y Omega, en la tos del enfermo, en el murmullo del arroyo, en el sonido de la campana. Contempla la maravilla de la faz del Señor en cada objeto de este mundo.


Cada aliento que fluye en la nariz, cada latido que da el corazón, cada arteria que pulsa en el cuerpo, cada pensamiento que surge en la mente, te dicen que Dios está cerca.Cada flor que emana fragancia, cada fruta que te atrae, cada suave brisa que sopla, cada río que manso fluye, hablan de Dios y de Su misericordia.

El vasto océano con sus poderosas olas, los inmensos Himalayas con sus glaciares, el sol y las estrellas brillantes en el cielo abierto, el majestuoso árbol con sus ramas, los frescos manantiales en las colinas

y en los valles, te hablan acerca de Su omnipotencia. La suave música de los cantantes, las conferencias de los oradores enérgicos, los poemas de los poetas famosos, los inventos de los hábiles científicos, las operaciones de los diestros cirujanos, los dichos sagrados de los santos, los pensamientos del Bhagavad Gita, las revelaciones de los Upanishads, hablan de Dios y de Su sabiduría.

Todo es Dios. El bien es Dios. El infortunio es Dios. Reconócele en todo y descansa pacíficamente en la dicha.

Dios impregna el universo entero. Camina disfrazado de mendigo. Se lamenta dolorido, disfrazado de enfermo. Vaga por el bosque vestido de harapos. Abre tus ojos. Contémplale en todo. Sirve a todos. Ama a todos.
Siente la Presencia Divina en todas partes; en cada forma, en cada pensamiento, en cada sentimiento y en cada afecto, en cada movimiento y en cada emoción.

Dios, visto a través de los sentidos, es la materia. Visto a través del intelecto, es la mente. Y visto a través del espíritu, es el Atman o el Ser.

El Señor habita en tu interior. Él es el gobernador interno, o Antariamin, que guarda y controla tu vida. Él está en ti y tú estás en Él. Sehalla muy próximo a ti. Él no se halla lejos de ti, sino que está más próximo a ti que tú mismo. Al principio pensabas que sólo podía hallárseleen el monte Kailas, en Ramésuaram, en la Meca, en Jerusalén, o en elcielo. Tenías una idea de Él muy vaga.

Este cuerpo es, en realidad, Sutemplo móvil, cuyo sanctum sanctuorum es la estancia de tu corazón.Cierra tus ojos. Abstrae tus sentidos (indriyas) de los objetos sensoriales.Búscale en tu propio corazón con una mente firme, con devocióny con un amor puro. Entonces le hallarás, sin duda. Él te espera ahí consus brazos abiertos para abrazarte. Si no puedes hallarle ahí, no podráshallarle en ningún otro lugar.

¿Cómo realizar a Dios?

Dios es una cuestión de oferta y demanda. Si realmente anhelas tener Su Darshan, o visión, se te revelará en un instante. No necesitas de ningún arte ni ciencia, de ningún estudio ni erudición para alcanzar la realización de Dios, sino tan sólo fe, pureza y devoción.

Combina todo el amor que sientes por los objetos mundanos, como la mujer, el hijo, la riqueza, la propiedad, los parientes y amigos, y dedícalo a Dios. Le realizarás así en este mismo instante.
Es imposible servir a Dios y a la Riqueza a la vez. No puedes disfrutar de la dicha del Ser y del placer sensual en una misma copa. No puedes experimentar la luz y la oscuridad al mismo tiempo.

El Señor exige todo tu corazón. Redúcete a cero ante Dios. Sólo entonces se ocupará Él de ti y te guiará. Sólo entonces se hace completa la entrega.
Olvida tus propios intereses, anhelos y deseos. Alcanzarás entonces la dicha del Ser Supremo. Crucifica y sacrifica al ser inferior si deseas alcanzar la unión con Dios. Vacía tu egoísmo y te sentirás lleno de Dios. Pierde tu personalidad. Hallarás la Vida Divina. Realizarás a Dios.

Extraído del Libro de Sri Swami Sivananda «Senda Divina» - Capitulo 18

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